Valentina
Papá estaba sentado en el sofá del apartamento nuevo con una manta sobre las piernas y la cara de un hombre que perdió más que la salud en las últimas semanas. Lo dieron de alta con instrucciones de reposo absoluto, dieta estricta y cero estrés, lo cual era como pedirle a un incendio que no quemara.
—Perdóname, Valentina —me dijo con una voz que le salió rasposa—. No sé cómo pasó. Los negocios iban bien. Los pagos estaban al día. Y de un momento a otro todo se derrumbó. Como si alguie