Valentina
La cena estaba terminando y yo seguía sin creerlo.
Génesis Fox me ofreció una pasantía. A mí. A la chica que dibujaba vestidos sentada en el suelo de una biblioteca con un lápiz mordido y un sueño que le quedaba grande.
Todavía sentía el cosquilleo en las manos. Ese temblor que te da cuando algo que querías tanto que dolía de pronto se materializa frente a ti y no sabes si reír, llorar o pellizcarte para confirmar que no estás soñando.
Los invitados empezaban a despedirse. Mi padre h