Valentina
Mi padre viajaba doscientos días al año.
No los conté por resentimiento sino por costumbre. Desde que mamá murió, Rodrigo Rojas llenó el hueco con trabajo como otros lo llenan con alcohol: en grandes cantidades, sin pausa, sin preguntarse si estaba funcionando o si solo estaba posponiendo el momento de sentarse frente al vacío. Yo tenía doce años cuando me quedé huérfana de madre y medio huérfana de padre
Pero después llegó Morgana. Y todo cambió.
Morgana estaba ahí cuando mi padre no