Deivyd
.
Tres meses en América. Noventa y un días. Dos mil ciento ochenta y cuatro horas. Las conté. No porque quisiera, sino porque mi cerebro se negaba a dejar de hacerlo, como un reloj descompuesto que marca el tiempo de lo que intentas olvidar en lugar del tiempo que avanzas.
Me fui a América para alejarme de ella. Para poner un océano entre mis sentimientos y la hermana de mi mejor amigo. Para convencerme de que lo que sentía era un capricho, una confusión, una estupidez de hombre que ha pa