Adam
La habitación no tenía ventanas que se abrieran.
Dafne las selló. Con clavos. Desde afuera. Mientras yo estaba atado de manos y pies.
La puerta tenía cerradura por fuera. El baño no tenía ventana. El teléfono estaba destruido en algún basurero. Y yo estaba sentado en una cama que olía a sábanas limpias en una casa elegante que era mi prisión.
Intenté todo. Golpear la puerta. Gritar. Romper el cristal de la ventana con una silla que rebotó contra el vidrio reforzado sin hacerle un rasguño.