38. El Veneno de la Venganza
El sonido de la carne desgarrándose llenó el aire, y Merik emitió un grito de dolor mientras sentía el arma improvisada perforar su pecho.
El demonio, aturdido y herido, comprendió que algo estaba terriblemente mal. La punzada en su corazón advirtió que su vida pendía de un hilo. La valentía y la determinación de Anabella habían resultado en un golpe mortal que podría cambiar el rumbo de la batalla. La lucha alcanzaba un punto crítico, y el destino de todos estaba en juego.
Merik, el demonio de