Mundo ficciónIniciar sesión—¿Qué le pasó a tu mano?
Sin siquiera volverme, ya sabía perfectamente a quién pertenecía aquella voz de barítono. Incluso solo por el aroma masculino que flotaba en el aire, podía reconocerlo de inmediato. Permanecí inmóvil, con la mirada perdida hacia la ventana de la habitación, sin ninguna gana de siquiera mirar de reojo a Javier. Mi pecho todavía dolía terriblemente. La opresión







