—¿Por qué has frenado tan de repente? ¿Y si de repente nos chocaran por detrás? —protesté mientras me agarraba al cinturón de seguridad, intentando recuperarme de la sorpresa que me había causado aquel frenazo repentino.
Javier seguía impasible. Se limitó a mirarme fijamente durante unos segundos antes de soltar finalmente un suspiro suave. El hombre volvió a pisar el acelerador, haciendo que el coche se abriera paso por las concurridas calles de la ciudad. Por supuesto, me invadió la curiosida