Mundo ficciónIniciar sesiónYo seguía inmóvil en mi sitio. Ni por un instante se me pasó por la mente obedecer la absurda orden de Adriana de limpiarle el zapato.
Pero, de repente, sentí que me empujaban con fuerza hacia adelante, hasta casi caer de bruces al suelo. Me volví con un destello de furia, mirando fijamente a la asistente personal de Adriana, quien acababa de empujarme el hombro con brusquedad por orden de su jefa.
—¡Ah!
Grité de dolor







