La mansión Brévenor era un mausoleo de mármol y recuerdos amargos. Esteban recorría sus pasillos vacíos, el eco de sus pasos el único sonido que quebraba el silencio opresivo. El titular del periódico financiero, arrugado en el suelo de su despacho, lo escupía cada vez que pasaba: "¿Crisis en Brévenor? La heredera se distancia y el patriarca se recluye. ¿El imperio vitivinícola se resquebraja?"
No había sido Valeria. Tampoco Elías. Esta difamación cobarde, este intento de hundir su credibilida