El aroma a café y a pasado llenaba la sala. Clara, con las cartas esparcidas sobre la mesa como un mapa de vidas truncadas, tomó un sorbo de su taza antes de sumergirse en los recuerdos más dolorosos. Su mirada se perdió en la distancia, viajando a una época donde la felicidad aún era posible.
—Javier admiraba tanto a su amigo Esteban —comenzó, una sonrisa triste tocando sus labios—. Eran inseparables. Hacían todo juntos: soñaban con los viñedos, planeaban el futuro… Éramos un grupo unido, llen