Se suponía que debías estar de mi lado.
Punto de vista de Catalina
Al acercarnos a la mansión de Óscar, me sentí más aliviada. Óscar tenía razón, necesitaba aire fresco.
Carlota venía conmigo. Habíamos hablado durante el vuelo, pero en cuanto el conductor de Óscar llegó a recogernos al aeropuerto, de repente se quedó en silencio.
No lograba entender qué pasaba por su cabeza, pero esperaba que este pequeño descanso nos hiciera bien a las dos.
Necesitaba respirar, despejar la mente y, quizá… solo quizá… averiguar qué venía después.
Cuando el coche se detuvo frente a la mansión, no pude evitar sentir una sensación de calma. La casa de Óscar siempre tenía ese efecto en mí.
Era un lugar tranquilo, con amplios jardines y esa forma en la que la luz del sol parecía posarse suavemente sobre la casa, invitándote a entrar.
—Mamá —dijo Carlota de repente, como si despertara de sus pensamientos—. Ya llegamos.
Le sonreí, estirando la mano para apretarle la suya. —Claro.
Bajamos del coche justo cuando la puerta principal se abrió. Alejand