PUNTO DE VISTA DE Adrián.
Vi a Catalina entrar en mi oficina, con el rostro pálido y tenso. Dejó una carta sobre mi escritorio, sin apenas mirarme a los ojos.
«Gracias, Adrián», dijo en voz baja. «Por defenderme».
Se dio la vuelta para marcharse, pero algo no me cuadraba. Cogí la carta y la desdoblé.
Mis ojos recorrieron rápidamente las palabras y sentí cómo me invadía la irritación.
«¿Qué es esto?», pregunté, con un tono de voz más agudo de lo que pretendía.
Catalinase detuvo en s