La Grieta.
Valentina se movía por la oficina con la sonrisa ligera, intentando aparentar normalidad, pero cada gesto era un esfuerzo calculado.
Lucca estaba a su lado, sirviendo café, revisando papeles, haciendo comentarios que normalmente la hacían reír, y ella respondía con cortesías que sonaban más automáticas que genuinas.
Él notó la diferencia de inmediato.
No era un reproche; su mirada era suave, atenta, casi protectora, pero clara en su curiosidad.
—Valen —dijo, mientras colocaba un informe sobre su escritorio—. ¿Estás bien? Te noto distraída.
Valentina tragó saliva, sintió un nudo en el pecho.
Quiso abrir la boca y decir cualquier excusa que sonara convincente, algo que aliviara la preocupación de Lucca, pero al mismo tiempo no la delatara.
—Sí… solo estoy cansada —mintió, con un suspiro calculado—. Nada importante, solo cosas del trabajo, ya sabes.
Lucca arqueó una ceja, como si no estuviera completamente convencido, pero decidió no insistir.
Solo asintió y le dio una sonrisa tranquiliz