El Fuego y el Vidrio.
Elena la observaba desde la cocina, con una taza de café en la mano y una sonrisa tan serena que resultaba irritante.
—¿Segura que ya puedes volver? —preguntó, sin levantar mucho la voz.
—No tengo opción —respondió Valentina, abrochándose la chaqueta—. Si falto un día más, seguro piensan que me internaron.
—Podría firmarte otro reposo, o internarte en serio, mi seguro lo cubriría —bromeó su hermana, agitando el estetoscopio que colgaba del respaldo de una silla—. Algo grave… tipo amnesia select