Después de la Advertencia.
Valentina caminaba por los pasillos de la oficina con pasos medidos, intentando mantener la rutina como si todo siguiera siendo igual. Pero nada era igual.
Cada espacio parecía impregnado de una tensión invisible, un peso silencioso que no podía ignorar.
Sus compañeros de trabajo conversaban con normalidad, pasaban informes y agendas de un escritorio a otro, pero para ella, cada sonrisa, cada mirada, cada comentario tenía un matiz diferente.
Alexander no la había amenazado, no había gritos, no