Conflicto y Celos.
La mañana entró fría en la oficina. Valentina llegó con atraso, arrastrando los recuerdos que no podía borrar. Cada paso hacia su escritorio estaba cargado de una mezcla de deseo y culpa, como si llevara un secreto a cuestas que no podía confesar.
Al encender la computadora, vio la notificación.
Un mensaje de Alexander, no necesitaba abrirlo para sentirlo: cada palabra suya era como un filo invisible, cortando a través de su cordura.
Pero abrió la pantalla de todos modos: “No puedo dejar de pen