La Confesión Parcial.
La noche cayó sobre la ciudad con una lentitud incómoda, como si incluso el cielo supiera que Valentina no estaba lista para quedarse a solas consigo misma.
Había pasado todo el día funcionando en automático. Correos respondidos sin recordar su contenido, reuniones donde asentía sin escuchar del todo, sonrisas medidas para no levantar sospechas. El cuerpo presente, la mente fragmentada.
Ahora, en su departamento, el silencio era otra cosa. No era paz, era expectativa.
Se quitó los zapatos y los