Encuentro Cercano.
El aire del mediodía tenía un calor extraño, como si presintiera lo que estaba por suceder. Valentina caminaba por el pequeño parque privado detrás del edificio de oficinas, con los auriculares puestos pero sin escuchar música.
Cada paso estaba marcado por el latido de su corazón, que se aceleraba cada vez que recordaba los mensajes de Alexander.
No debía estar ahí, sabía que no debía, pero algo la empujaba: la necesidad de confrontar, de entender, de sentir la intensidad que él había dejado flotando entre ellos la tarde anterior.
Lo vio antes de que él hablara. Apoyado en el borde de la fuente, la corbata aflojada, el cabello ligeramente revuelto, los ojos fijos en ella.
No había sonrisa, no había reproche. Solo la quietud de alguien que ha esperado demasiado. La presencia de Alexander era abrumadora, casi tangible, como si el aire mismo temblara a su alrededor.
—Valentina —dijo, muy bajo, tan cerca de la respiración que ella casi podía sentirlo—. Gracias por venir.
Ella tragó saliva