Mundo de ficçãoIniciar sessãoCapítulo 4.
Espejismo. POV: Álvaro Mi mente divaga en los recuerdos de una noche increíble. Por primera vez en meses, me sentí vivo. Pero esta mañana, al besar los labios de Tiffany, no sentí esa misma entrega, esa sensación de necesidad. Quizás me estoy volviendo loco y no tengo razones para dudar; siempre hemos sido muy activos sexualmente, pero ella suele ser más controladora, mucho más mecánica. Anoche, en cambio, sentí que realmente se entregaba a mí; que me daba el poder por primera vez. La sentí mía en cada beso, en cada caricia, como si su alma me perteneciera. Lo poco que recuerdo es fragmentado, pero no puedo sacarlo de mi mente. Hoy me siento con más ánimo que nunca. Tras años de relación en los que ella ha sido la prioridad , siempre cuidándola por ser la más débil, siendo el centro de atención, pensé que la llama empezaba a apagarse. Por un instante, llegué a creer que éramos dos extraños y que las cosas funcionaban mejor cuando solo éramos novios. Tengo dudas. Tal vez es porque ahora, a mis 27 años, soy más consciente que en la adolescencia. Quizás es lo que mis amigos llaman “una etapa del matrimonio”. Es natural que no pasemos tanto tiempo juntos; lidero empresas, viajo por reuniones y nos hemos distanciado. Incluso en la intimidad ya no somos constantes. Son cosas que influyen, pero no dejo de sentir que me falta algo; hay un vacío que, por más que trato, no logro llenar. —¿Ahí estás, hombre? ¿En qué piensas? —pregunta Víctor, mi colega, socio y mejor amigo. —Nada, intento organizar todo. Tengo una cita con Tiffany al mediodía; ya sabes cómo es, si no llego a tiempo, pierde el control. —Ya veo. Vi en sus redes que está de compras con tu cuñadita. —Sí, llegó ayer. —Realmente no sé cómo le haces para no confundirlas, hermano. Son como dos gotas de agua. —No lo sé. Creo que es por el carácter de cada una. Tiffany siempre está sobre mí, buscando mi atención constantemente. —¿Y Ashley? —Ashley, es… Ashley. Siempre reservada, distante. Desde que formalice con su hermana parece mantener cierta distancia, como si me evitara como a la peste, incluso para hablar conmigo. —Me habías dicho que antes eran grandes amigos, que era con ella con quien más tiempo pasabas. —Sí, bueno, éramos niños. Había una relación comercial entre nuestras familias y siempre me llevaban con ellas. La amistad surgió espontáneamente; solíamos reunirnos por cualquier cosa. Recuerdo que era muy buena en los videojuegos, solía ser más activa que su hermana, más inteligente y divertida. Pero de repente empezó a alejarse y, bueno, no la obligo a nada. Tendrá sus razones para mantener distancia. Cuéntame, ¿cómo va el proyecto del viaje a Dublín? —Trabajo en ello. Quizás deberías aprovechar y conversar del tema con tu cuñada. Sé que es parte de este proyecto; deberías invitarla, quizás te sirva para reconectar con ella. —¿Es necesario que venga? Dudo mucho que quiera. Siempre envía a Tiffany, que también es representante de la empresa. No creo que sea necesario. —Bueno, en este caso sí. Nos están pidiendo una presentación de la nueva propuesta. Ella es la pieza principal del proyecto y a los directivos les urge una reunión directa con los directores. La crisis en Dublín es grave. Tenemos un desequilibrio del 65%, están pensando en cerrar algunas aseguradoras. La competencia nos arrebata a los inversionistas y necesitamos ampliar el manejo de esta propuesta. En Italia no quedaron convencidos, dijeron que necesitan una campaña, un modelo de marketing… ¿Sabes quién es la mejor en ello? —Ashley…— Respondo sin dudar. —Así es. Su manejo de campaña para el proyecto de seguros para mascotas ha tenido un éxito del 92%. ¿Quién diría que alguien querría asegurar a una mascota? Pues ella lo hizo posible; incluso tiene artistas con paquetes de más de un millón de dólares. Su propuesta de cláusulas nos garantiza la reconversión de ingresos. Muchos no confiaron en que lo lograría y, ¿qué tal? Lo hizo. Su proyecto para adultos mayores, un éxito. El de yates, un éxito. Cómo lo hace, no tengo idea, pero si quieres ganar este plan de inversión, ella es la indicada. Perdóname que te lo diga, hermano, pero tu esposa no es tan útil como su hermana en esto, hay que reconocerlo. —Dudo que quiera ir conmigo a Dublín. Siempre saca una excusa cuando se trata de reunirse conmigo. —Eso es raro. ¿No será que Tiffany tiene algo que ver en eso? Quizás es un pacto como: “aléjate, yo lo vi primero”. —¿Qué demonios dices? —Frunzo el ceño con desaprobación—. Ni que fuera una competencia por estar conmigo. —Quién sabe. Dijiste que eran muy buenos amigos, ¿por qué distanciarse? No tiene lógica. Además, siempre que le pides un favor, pone alguna excusa para que lleves a su hermana. ¿Te parece normal? —Víctor mira su celular y se levanta—. Piénsalo: ¿Qué pudiste haberle hecho para que se aleje de ti como la peste? Debo irme, aprovecha estos días que la tienes en casa para convencerla de ese viaje. Se va cerrando la puerta con un toque seco. Me deja con la duda fresca en la mente. Deslizo mi dedo índice por mi labio inferior mientras mi mente divaga. Es cierto. Éramos muy buenos amigos. Con el tiempo nos distanciamos y creo que Tiffany, con su demanda de atención, me hizo obviar eso. ¿Qué pude haber hecho yo para que ella se alejara así? La busco en mi celular y noto que ha cambiado de contacto; no tengo su número actual. Pero en sus redes aparece siempre sola, con pocos amigos, ninguna relación. Empiezo a navegar por su mundo y encuentro imágenes interesantes. Hay una donde está en una plaza rodeada de mariposas; una se posa en su nariz y ella sonríe con un gesto que me distrae. Refleja a una mujer alegre, una dulzura diferente a la de Tiffany. Físicamente iguales, pero con tantas diferencias. Bajo hasta leer la descripción: “Una mariposa sin su flor favorita es cautiva del dolor, vacía sin el néctar que le da alegría, que la alimenta con solo un sorbo. Ahora sin él está perdida, sin rumbo, porque a pesar de que hay tantos néctares en el mundo, ninguno la llena tanto como ese que, con solo una pequeña porción, causa infinitas sensaciones. La hace brillar, le da fuerzas para expandir sus alas rotas y volar. La hace vivir, soñar. Él la hace sentir que lo tiene todo, que es capaz de hacer mucho más, pero lo ha perdido. Le han robado la flor y con ella se ha ido él, dejándola perdida en el mundo, vagando sin sentido, sin esperanzas de encontrar su destino”. Esas palabras tienen un doble sentido. No es la única imagen con poesía. En otra, frente al mar viendo el amanecer, escribe: “La parte más bonita del día no es cuando el sol se oculta, sino cuando la noche aparece, porque solo en mis sueños puedo volver a tenerte”. Siento una extraña curiosidad. Bajo a otra foto donde disfruta de una taza de chocolate con trozos de galletas. Un recuerdo viene a mi mente: una salida al campo cuando éramos niños. Ella siempre pedía chocolate caliente y remojaba las galletas en él; me parecía fuera de lo común, pero ella siempre era así, espontánea. Cuando me dio a probar, fue algo descomunal. Se volvió una tradición que repetimos en cada campamento hasta los 13 años, ahora ver está imagen, simplemente me hace recordar algunas cosas que teníamos en común. “El sabor de ti es dulce y amargo, adictivo y necesario, como una mezcla descomunal de galletas de vainilla y chocolate que se vuelve una adicción que me acerca a ti”. Miro la pantalla. Tiffany le ha dado “me gusta” a todo y deja comentarios siempre, pero Ashley simplemente no le responde. Mi celular suena; es Tiffany, 30 minutos antes de nuestro encuentro. —Por favor, no llegues tarde. La fotógrafa nos espera y no me siento muy bien, ¿sí? —De acuerdo, voy para allá. —30 minutos, Al. —Sí, sí, ya te dije que voy para allá. Cuelgo y dejo el celular sobre la mesa. Mientras me coloco el abrigo, miro la foto por última vez. Ya tengo cómo acercarme a ella otra vez.






