Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 5.
Prueba. POV: Ashley Estamos en el centro comercial comprando los regalos para el aniversario. Me he mantenido distante, actuando como una sombra que solo carga bolsas, hasta que entramos en la relojería. Tiffany señala un Rolex de bronce con entusiasmo. Me siento fuera de lugar; es como si ella eligiera basándose únicamente en su propio gusto, sin tener en cuenta quién es él que lo llevará puesto. —Dime, As, ¿qué piensas? —me pregunta, mirándose en el espejo del mostrador. —Tif, no quiero incomodarte, pero… quizás deberías cambiarlo por algo de oro o plata. —¿Por qué? Este es precioso. —Sí, lo es. Solo que él es alérgico a cualquier prenda que no sea oro o plata —digo en voz baja. La vendedora nos mira desconcertada. Tiffany se queda rígida al darse cuenta de su error. Me lanza una mirada primero incómoda y luego una mezcla de desdén cruza su rostro, para finalmente transformarse en pura vergüenza. —Ay, sí, tienes razón. Qué tonta, lo olvidé por completo —dice forzando una sonrisa hacia la vendedora—. ¿Podría traer algo de lo que ella dijo? —Sí, claro, con gusto señorita. Al irse la empleada, un aura de incomodidad nos rodea. El silencio pesa. La mujer no tarda en volver con tres modelos nuevos. Tiffany me mira fijamente, sus ojos parecen evaluarme. —Elige uno, As. —No, deberías elegirlo tú. Es tu regalo. —Vamos, elígelo rápido. Tengo que darme prisa, me esperan para elegir el menú del evento —insiste con un tono cortante. Me vuelvo hacia las opciones bajo la mirada curiosa de la vendedora. Elijo uno con detalles en azul; sé perfectamente que es su color favorito. —Este —digo con una punzada de nostalgia. Sé que, como tantos otros detalles en su vida, él nunca sabrá que lo elegí yo. Ella se llevará el crédito, como siempre. —Lo empacaré para usted —anuncia la mujer. Asiento, viendo cómo Tiffany paga la cuenta con una indiferencia que me hiela la sangre. Caminamos hacia el lugar del evento, a pocas cuadras de allí. Entre platos, postres y bebidas, pasamos a la decoración floral. —Señora, tenemos todos estos arreglos para usted —dice la decoradora—. Le hemos traído esta muestra con hermosos jazmines blancos como lo había sugerido. —Ah, es perfecto. ¡Me encanta! —exclama Tiffany. La miro incrédula. Espero un segundo, rogando internamente que ella se dé cuenta de su error, pero parece no notarlo. —Quiero de estos en la entrada, arreglos enormes. ¿Verdad, As? —Se gira hacia mí y mi rostro debe de ser un poema, porque su sonrisa se borra—. ¿Ahora qué? —pregunta con desdén. —Creo que deberías cambiar los ramos por solo rosas… como en la boda. —¿Por qué? Me gustan estos. —¿Podemos hablar un momento a solas? —le pido, intentando no ser descortés frente a los empleados. —No, dime aquí. ¿Qué pasa con el arreglo? ¿No te gusta? —Tiffany… él es alérgico a los jazmines. ¿Lo olvidaste? Por eso fue el accidente la primera vez; su familia mandó cortar todos los jazmines del jardín cuando lo descubrieron. Su expresión cambia drásticamente, igual que en la tienda: desconcierto, luego frialdad. Me mira en silencio y, de repente, suelta una risita ligera que no llega a sus ojos. —Tienes razón. Que sean rosas rojas, ramos grandes. —Como ordene, señora —responden las empleadas, intercambiando miradas confusas entre nosotras. Me siento morir de la incomodidad. —Voy al baño —anuncia Tiffany de pronto. Tarda varios minutos y, cuando regresa, está pálida. —¿Qué tienes? —pregunto inquieta. —No es nada, solo no me siento muy bien. Vamos, me esperan. Camino detrás de ella mientras revisa los últimos detalles, hasta que de repente me toma del brazo y lo entrelaza con el suyo. Su expresión cambia por completo; sonríe feliz, disfrutando de mi compañía como si nada hubiera pasado. Pero entonces lo ve a él a lo lejos, y me suelta para correr a su encuentro. —¡Mi amor! Mi cuerpo se tensa al ver a Álvaro. No sé si soy demasiado evidente, pero me paralizo. Veo cómo ella lo besa con una intensidad casi teatral. No sé si lo hace por él, o para demostrarme a mí que son la pareja perfecta. —As… tengo una cita en unos minutos con la fotógrafa junto a Álvaro —dice Tiffany, volviéndose hacia mí—. No sé si algo me cayó mal, pero no me siento nada bien. —¿Quieres que cancele la cita? Te llevo a casa —se ofrece Álvaro de inmediato. —¿Quieres que te lleve a la clínica? —pregunto con preocupación. —No, no… Estaba pensando que, como tú eres mi gemela, podrías tomarte las fotos con Álvaro. Yo me iré a descansar. —No, no sería bueno. No soy tú —respondo de inmediato, con el corazón en la garganta. —Claro que no eres yo, pero somos físicamente la misma persona. Te aseguro que nadie se dará cuenta en las fotos de larga distancia. Solo es para no perder la cita. —Tiffany, ¿qué estás haciendo? —pregunta Álvaro, y su expresión me inquieta. Parece molesto, o quizás tan confundido como yo. —Nada, solo quiero descansar. Ha sido mucho por hoy y no quiero perder el turno de la fotógrafa, me costó mucho conseguirlo. Por favor, solo son unas fotos, ¿qué tiene de malo? Háganlo por mí. Bajo la mirada. Mi corazón late tan fuerte que temo que lo escuchen. Ella insiste hasta que Álvaro, finalmente, cede. —Si Ashley no tiene inconveniente… —No lo sé —intento buscar una excusa para huir. —As, por favor. No es que vayas a robarte a mi esposo por unas fotos —dice ella con una risita que me hiela la sangre—. Somos familia. ¿Me ayudarás? De verdad me siento mal, ¿tengo que arrodillarme?— se inclina, pero la detengo. —No, por Dios. Está bien… lo haré. Solo ve a descansar. —Bien. Álvaro, te la encargo. Llévala a casa después, tenemos mucho que planear. Él asiente y se despide de ella con un beso. Tiffany se marcha con los guardaespaldas y yo no puedo evitar seguirla con la mirada, sintiendo que me esto hundiendo. —¿Vamos? —la voz de Álvaro me devuelve a la realidad. Asiento y camino a su lado. El silencio entre nosotros es sepulcral, una barrera invisible pero pesada que nos separa mientras caminamos hacia el estudio. Al llegar, el equipo ya nos espera. —Señor y señora Villanueva, por aquí, por favor. Sus vestuarios ya están listos. Los guiaré a los vestidores. “Señora Villanueva”. El título me golpea como un latigazo. Demoró en reaccionar, hasta que noto su mirada sobre mí. — ¿Vienes?— Pregunta él, su voz carga masculina, me atrae. Asiento, caminando detrás de la mujer que nos guía a los vestidores. Estando ahí, noto el hermoso vestido color rojo que a pedido Tiffany. Deslizo mis manos por la tela, hasta el gancho y lo tomo, lentamente, sacándolo en mis manos. Lo observo dudosa, por un instante pienso en huir, pero al verme en el espejo, algo en mi reflejo me incita a continuar, empuño el vestido un instante, cerrando los ojos, suspiro inquieta. — Señorita, cuando esté lista, avíseme, la estilista la espera. Abro los ojos, mirando fijamente mi reflejo. — Ok. Muchas gracias.






