Hay un pequeño golpe en la puerta. Ya sé que no es él. No tocaría. Nunca ha llamado a la puerta.
—Adelante—grito. Priscilla abre la puerta. Candace está detrás de ella llevando una bandeja con tostadas y café.
—Buenos días—dicen ambas.
—Hola—respondo.
Candace me mira. Me sonrojo cuando sus ojos brillan con algo que me hace pensar que presiente lo que Luciano y yo hicimos aquí anoche.
—No vamos a tener otro día como ayer—proclama Priscilla—. Es casi mediodía y no has bajado a desayunar.
Mis ojos