Me quejo cuando siento mi cabeza palpitar con un intenso dolor que está a punto de partir mi cerebro en dos mitades. Me giro en otra posición, buscando acomodo sobre la almohada mullida para hacer que el dolor desaparezca, pero no lo consigo. Gimo porque las punzadas se hacen insoportable, así que decido salir de la cama para pedirle a mamá que me dé un calmante para la terrible jaqueca que está a punto de volverme loca. Sin embargo, cuando abro los ojos me doy cuenta de que aún es de noche y qu