Suelto un bostezo y abro los ojos con pereza. Sin embargo, jadeo con nerviosismo y comienzo a luchar al darme cuenta de que alguien me tiene atrapada entre sus brazos.
―¡Suéltame! ―la sujeción a mi alrededor se incrementa, lo que me pone nerviosa―. ¡No me toques!
Sin embargo, el agradable y familiar perfume que se cuela a través de mis fosas nasales, me hace sentir, al mismo tiempo, confusa y calmada. ¿Lud?
―Tranquila, Rachel, estás a salvo ―susurra al pie de mi oreja―, ese hombre ya no podrá