Es la primera vez en mucho tiempo que duermo como un corderito. Quizás se deba a que, al llegar a casa, me di un buen pajazo en nombre de la señorita religiosa. Por supuesto, no es que haya sido suficiente, pero como un abrebocas no está nada mal. Imaginarla de piernas abiertitas y con sus tetas embadurnadas de mi semen, me catapultó casi de inmediato a un sorprendente y descomunal orgasmo.
Suelto un bostezo y estiro mi cuerpo desnudo. Ladeo mi cabeza y observo la hora en el reloj que está sobr