¿Qué carajos te pasa, Lud? Vengo haciéndome esa misma pregunta desde que abandoné el camerino de Victoria. Sigo sin poder asimilar lo que sucedió dentro de esa habitación.
¡Joder! Juro por Dios, que, si alguien me hubiera dicho que una jovencita tan remilgada como ella sería capaz de llamar mi atención, me habría reído a carcajadas en la cara de maldito imbécil. Sin embargo, para mi mayor sorpresa, sigo curiosamente consternado. Hasta este preciso instante no entiendo cómo se dieron las cosas.