Fijo la mirada sobre la suya y lo observo mientras bebo todo el contenido de mi vaso.
―¿Dudas de la mujer que se convirtió en tu esposa?
La pregunta le hace mostrar sus dientes de perro rabioso.
―Nunca, pero no puedo decir lo mismo de ti, De Luca ―declara incisivo―. Hasta ahora no me queda claro lo que pretendes de ella ―invade mi espacio personal―. Te la pasas persiguiéndola como un puto perro faldero.
Niego con la cabeza y sonrío divertido.
―Los celos te nublan la razón, Reeves ―una sonrisa cí