No puedo creer que ya seamos esposos. Todo fue muy apresurado, pero me siento feliz de que lo hayamos hecho.
―Felicidades, señor y señora Reeves.
Sin soltar la mano de mi esposo, me acerco a él y dejo un beso tierno en su mejilla.
―Gracias, Alfred. No sabes cuánto significan tus palabras para mí y que compartieras este momento especial con nosotros.
Niega con la cabeza y sonríe con gracia.
―No me lo habría perdido por nada del mundo ―me da un toquecito con su dedo en la punta de mi nariz―. Usted