Un escalofrío recorre mi cuerpo en cuanto veo las imágenes que Joseph acaba de entregarme. Mis piernas se sienten tan débiles que me derribo sobre la silla. Veo con incredulidad a la mujer de ojos color miel y sonrisa apacible, me mira como si nos conociéramos.
―Ella es Isabella Soracchi.
Mis oídos silban y la realidad comienza a difuminarse como un borrón. Una sucesión de temblores recorre todo mi cuerpo. El corazón martilla contra mi pecho violentamente y la respiración es tan acelerada que me