Nunca pensé que me llegara a gustar tanto el campo, el cantar de los gallos, el cantar constante de las cocás, el olor que desprende el ganado en los corrales, el olor de la leche pura recién hervida. El sonido de los grillos en la noche, el aroma de las frutas recién cortadas, arrancar la yuca, arriar el ganado, ordeñar la leche, ver el atardecer y el amanecer en el valle del Sinú.
Catalina tenía razón, esta tierra era mágica. Adicional si con Bodoque estaba tratando de armar un glosario, con