Narra Amelia
La tregua se mantuvo durante las siguientes tres horas, pero el silencio dentro del vehículo era más peligroso que cualquier tiroteo. Alexander conducía hacia una casa de seguridad en la costa, mientras yo revisaba los nodos del servidor en mi terminal, intentando limpiar nuestras huellas digitales antes de que el Vaticano pudiera triangular la posición de la baliza del jet que habíamos abandonado.
—Si el sistema detecta que estamos purificando nuestros perfiles —dije, mi voz rompi