Brenda sintió cómo su cuerpo ardía de rabia. La venganza le latía en la sangre. Ver a su tía y a su ex juntos era la peor pesadilla posible, algo incluso más doloroso que todo lo que ya había tenido que soportar por culpa de la ambición enfermiza de esa mujer.
—¡Cállate! ¡No eres más que una niña estúpida! —vociferó tía Ángela, con una furia que desgarraba el aire.
Los hombres que vigilaban a Brenda reaccionaron de inmediato. Se acercaron con cautela, atentos, como perros entrenados, esperando