Hilary tocó la bocina del auto con una fuerza que casi hizo saltar a los pájaros de los cables eléctricos. El sonido cortó en seco el momento que Brenda y Johnny compartían, como un balde de agua helada arrojado sobre dos enamorados demasiado distraídos.
Johnny se apartó *p*n*s, confundido por la brusquedad del toque. Brenda también se sobresaltó, y por un instante, la calidez del beso se desvaneció, reemplazada por una extraña incomodidad que no lograba identificar.
En el asiento del conductor