A la mañana siguiente, Brenda y Johnny despertaron a las siete en punto.
Johnny, aún somnoliento, anunció que no pensaba presentarse en el hospital ese día.
Brenda frunció el ceño de inmediato.
—Debes ir —insistió, preocupada—. Si faltas así nada más, van a sospechar. No quiero que te vean como mi cómplice… no después de todo lo que pasó.
Pero Johnny solo la miró con esa mezcla de calma y determinación que empezaba a desarmarla cada vez más.
La verdad era inevitable: él ya era su cómplice. Invo