La chofer había quedado cubierta de barro de pies a cabeza. Incluso su cabello, que había mantenido recogido todo el tiempo, estaba completamente arruinado.
Los observó en silencio.
Brenda respiraba con dificultad. Hilary lo notó al ver cómo su pecho subía y bajaba con violencia, mientras sus ojos ardían con una furia fulminante dirigida hacia ella. Aquella mirada era una advertencia silenciosa: no te acerques más, no des un paso en falso, porque Brenda estaba tan fuera de sí que parecía capaz