Esa noche, Brenda se rindió al sueño como quien cae en un abismo cálido y silencioso. Y allí, en el fondo de esa oscuridad tranquila, su madre volvió a aparecer.
Era un ángel otra vez.
Un ángel radiante, hermoso, demasiado perfecto para pertenecer al mundo que Brenda había pisado con los pies llenos de barro. Había algo en ella… una mezcla de dulzura y gravedad, como si llevar sobre los hombros el peso de cuidar a su hija desde el más allá fuera una tarea sagrada, pero también dolorosa.
Brenda