Brenda se vistió con lo que encontró primero: una camiseta blanca de manga corta, un jean sencillo y unos zapatos deportivos negros. Prendas básicas, pero limpias… y, para ella, eso ya era un lujo. Se peinó el cabello con paciencia—sus dedos tropezando con nudos que parecían haberse vuelto parte de ella—y lo dejó suelto. Hacía tanto que no lo llevaba limpio que necesitó un momento para reconocerse.
Se acercó al espejo.
Y se quedó inmóvil.
Era como ver a una desconocida. Una versión de sí misma