—Hemos llegado —anunció la chofer.
Su voz chocó contra el silencio del auto como un portazo. Estacionó en el parqueadero para visitantes, justo afuera del edificio, y apagó el motor con un gesto seco, impaciente. Durante un segundo pareció dudar… pero las obligaciones eran obligaciones, incluso para alguien con tan poca disposición a cumplirlas.
Bajó del vehículo, rodeó el auto y abrió la puerta del lado de Brenda. No fue un gesto amable ni profesional; la puerta se abrió con brusquedad, como s