A la mañana siguiente
Lo primero que siento es una caricia suave en mi cabello.
—Mi niña...
Parpadeo varias veces antes de abrir los ojos por completo. El cuello me duele por la mala postura y mi mejilla sigue apoyada contra el borde de la cama. Entonces los recuerdos regresan de golpe: la gala, el hospital, las lágrimas que no pude contener y la mano de mi abuela entre las mías.
Me incorporo de inmediato.
—¿Abuela?
Ella me observa con una sonrisa débil.
—Buenos días, cariño.
—¿Cuándo desperta