Mientras Alejandro rubricaba su destino corporativo en la sala de juntas del hotel, Sofía se dirigía al campus universitario, cada paso más pesado que el anterior. Su cojera, aunque leve, se sentía hoy mucho más presente que los días anteriores. A veces lo olvidaba por completo, pero con Valentina siendo indirectamente cruel, parecía que su pierna quería jugarle un juego por eso.
Al entrar, los cuchicheos no fueron disimulados. Las miradas, que hasta hace poco eran de pura envidia por todo lo que ella había logrado en sus estudios, ahora eran de juicio moral. Los estudiantes, sentados en grupos, hablaban lo suficientemente alto para que ella escuchara, pero sus ojos estaban en sus celulares, mientras se creían con derecho a comentar sobre algo que no sabían.
—¿Vieron el artículo? La amiga casi muere, y ella solo se llevó al tipo con dinero...
—Dicen las malas lenguas que todo es falso, que es solo un contrato. Por eso la contrataron en ese hotel, ¿no? Por ser la prometida...
—La verda