8- La Rendición del Deseo.
Sarah no había dormido ni un poquito. Había pasado la noche consumida por todo lo que estaba leyendo. El cuaderno de Gabriel era una ventana al alma de un hombre al borde del colapso y un registro de su dolor, sus ambiciones y, lo más importante, su obsesión por ella. Su desactivación no fue profesional; fue la desesperada autoconservación de un hombre que se sabía débil ante ella.
Cerró el cuaderno justo cuando los primeros rayos del sol se filtraban por el ventanal, tiñendo el suelo de la sal