4. Magnate Noruego.
Marina se alejó del grupo y llevó a Jean-Pierre a un rincón, tratando de mantener la voz baja pero firme.
—Jean-Pierre, escucha. Este hombre conoce este lugar. Si dice que el viento es peligroso, hay que tomar precauciones. Necesito mantas térmicas entre tomas y un refugio cerca de la orilla. No voy a entrar al agua descalza sin un equipo de seguridad —dijo ella, con una autoridad que rara vez usaba con su equipo creativo.
El fotógrafo soltó una carcajada estridente y la miró con condescendencia, ajustándose su bufanda de seda.
—Ma chérie, por favor. ¿Ahora escuchas a los bárbaros? No me digas que el aire de montaña te ha ablandado el cerebro. Recuerda por qué estás aquí, Marina. Estás aquí porque en Madrid te portaste como una niña malcriada y casi hundes la reputación de tu familia. Tu padre me paga para que te devuelva a la cima, no para que seas una chica de granja. Haz tu trabajo, posa y cállate, o llamaré a Gael ahora mismo para decirle que la princesa que tiene de hermana, se h