3. Magnate Noruego.
Marina soltó un bufido de indignación, ignorando el rastro de calor que el pulgar de Lars había dejado en su mejilla.
—¡Eres un salvaje! ¡Limpia tú mismo tu cueva! —le gritó, subiendo las escaleras del altillo con toda la dignidad que su pijama de seda le permitía.
Lo único que quería era una ducha caliente para quitarse el olor a humo y el frío que se le había metido en los huesos. Entró en el pequeño baño adjunto y abrió el grifo de la ducha con fuerza. Esperó. Un segundo, cinco, diez... El a