4- La Rendición del Deseo.
El aire en el reservado del restaurante era denso, e impregnado con el aroma de la trufa y otras comidas. Gabriel observaba a las dos mujeres con una intensidad casi lasciva, como si la tensión entre ellas fuera el plato principal para esa cena.
—Felicidades, Sarah. Siempre fuiste la más arriesgada de los ejecutivos. Dime, ¿realmente crees que el riesgo vale la pena? —había preguntado Camila, su voz era suave, pero su mirada, un desafío.
Sarah bebió un sorbo de agua, demorando la respuesta, para que el silencio actuara.
—El riesgo es el precio de la recompensa, Camila —replicó Sarah, inclinándose ligeramente sobre la mesa—. Y el Grupo Duarte no contrata a la gente para jugar a lo seguro. A diferencia de otras decisiones estratégicas, esta operación es puramente matemática.
Camila enarcó una ceja, detectando el filo en la última frase.
—Las matemáticas corporativas son a menudo una excusa conveniente para la ambición personal, Sarah. Es fácil deslumbrarse con los números grandes.
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