3- La Rendición del Deseo.
El silencio en la oficina se hizo denso. Era un silencio cargado de muchas emociones, un duelo silencioso entre dos mentes maestras del control. Sarah sabía que leer ese cuaderno era ceder a su juego, darle una ventaja emocional que él sin duda usaría. Pero también sabía que no podía resistirse. La pregunta de por qué Gabriel había huido hace dos años había sido una espina clavada en su corazón y en su orgullo.
Nunca apareció para el baile o lo que sea que ella le proponía. Simplemente, se fue.
Con una respiración casi imperceptible, Sarah estiró la mano y tomó el cuaderno. Era suave y frío bajo sus dedos. Así era Gabriel con ella también. Era un objeto íntimo en sus manos, fuera de lugar en la pulcra oficina.
¿Un diario?
Se sentó en una de las sillas frente al imponente escritorio. Prefirió sentarse para tener un apoyo si las piernas le fallaban. No quería caer frente a él. Gabriel permaneció de pie, observándola con una intensidad que casi la hacía sentir expuesta.
Sarah abrió el cu