3- La Rendición del Deseo.
El silencio en la oficina se hizo denso. Era un silencio cargado de muchas emociones, un duelo silencioso entre dos mentes maestras del control. Sarah sabía que leer ese cuaderno era ceder a su juego, darle una ventaja emocional que él sin duda usaría. Pero también sabía que no podía resistirse. La pregunta de por qué Gabriel había huido hace dos años había sido una espina clavada en su corazón y en su orgullo.
Nunca apareció para el baile o lo que sea que ella le proponía. Simplemente, se fue.