36- La Rendención del Deseo.
El silencio en la habitación de Gabriel era pesado, roto solo por el pitido regular de los monitores. Sarah había sido trasladada a una sala de revisión y Sofía la había seguido, con el rostro pálido. Alejandro se quedó junto a Gabriel, reajustándole la almohada. El personal médico se había retirado, dejando un rastro de tensión en el aire.
Gabriel estaba furioso. No una rabia externa, sino una ira fría dirigida hacia su propio cerebro traicionero. Seguía repitiendo la frase en un susurro ronco:
—No puedo recordarla, pero no puedo dejar que le pase nada.
Minutos después, el doctor Robles entró. Parecía cansado, pero tranquilo, y se dirigió primero a Gabriel.
—Gabriel, escúcheme con atención —dijo el médico, sentándose en el borde de la cama—. Sarah está bien. Ha sido un episodio de lipotimia, probablemente causado por el estrés y la caída de presión sanguínea, algo normal al principio del embarazo. El bebé está perfectamente. Ya está descansando en su habitación.
El aire escapó de lo