John
Al despertar esa mañana, John ni siquiera notó la ausencia de su esposa. Como de costumbre, encontró el café listo en la mesa. Se sentó y lo bebió más despacio de lo habitual. El aroma familiar ya no le brindaba consuelo. Algo era diferente esa mañana. Algo silencioso… demasiado silencioso.
El silencio a su alrededor parecía ensordecedor. Ni un sonido, ni un movimiento. Probablemente Elizabeth se había ido temprano a la iglesia, como todos los días, y no regresaría hasta que él se fuera a