Elizabeth
En la mansión, Elizabeth esperaba ansiosa el regreso de su marido. Estaba preocupada por la forma en que había salido de casa.
Oyó cómo el coche salía a toda velocidad por la avenida. Miró el móvil que tenía en la mano, quería llamarle, pero le faltaba valor. Sabía que él debía de estar conmocionado por lo que había pasado. Ella también lo estaba.
Pero también sabía que John no quería presionarla. Sabía cuáles eran las circunstancias del momento, nunca lo culparía. Quería decírselo.
Miró el reloj cada minuto. Las horas pasaban lentamente y ella caminaba por la casa rezando y suplicando para que él regresara a casa sano y salvo.
Alrededor de la medianoche, vio los faros subiendo por la avenida. Se escondió, como siempre hacía, pero al oír voces, corrió al salón.
John apenas podía mantenerse en pie, y Bruce prácticamente lo llevaba en brazos.
—¿Qué ha pasado? —preguntó ella, alarmada.
—Señora Walker, siento traerlo en este estado —respondió Bruce, fijándose en que ella seguía l