En la escuela de los niños - Horas antes
Lily se acercó a la recepción de la escuela con pasos contenidos. El portero verificó la lista y confirmó su nombre entre los autorizados para recoger a los niños. El peso de esa información la asfixiaba, alguien había manipulado el sistema para introducir su permiso.
Pocos minutos después, una de las monitoras trajo a Mary por el pasillo. Al ver a Lily, la niña esbozó una sonrisa radiante y corrió hacia ella, abrazándola con fuerza.
—¡Lily! ¡Te he echado tanto de menos! —dijo Mary, con los ojos llenos de alegría.
Lily se quedó inmóvil por un instante. Sus ojos también se llenaron de lágrimas, pero no de felicidad. Era dolor, duda, culpa. Acarició el rostro de la niña, tratando de disimular su vacilación.
—Yo también, cariño... yo también —su voz sonó entrecortada—. ¿Qué tal si jugamos y luego tomamos un helado?
Mary abrió mucho los ojos, emocionada.
— ¡Claro! Pero... ¿lo saben mamá y papá?
Lily esbozó una sonrisa y asintió.
— Sí, está todo arr