Sin embargo, Anthony era demasiado inteligente como para no darse cuenta de que algo iba mal. El retraso de su madre y la ausencia de Mary, que no había vuelto con ellos del colegio. Cogió el móvil y llamó a su madre y luego a Mary, y como no consiguió hablar con ninguna de las dos, llamó a su padre.
Cuando John vio la llamada en la pantalla, sintió un nudo en el pecho. Su corazón se aceleró, como si presentara que no podría disimular por mucho tiempo. Contestó, tratando de sonar natural:
—Hola, hijo.
—Papá... ¿qué está pasando? —La voz de Anthony sonaba firme, pero cargada de desconfianza—. ¿Por qué tú, mamá y Mary aún no han llegado?
John respiró hondo, con la mano temblorosa. Al otro lado, oyó la voz ahogada de Emily llorando.
—Emily está llorando, quiere a mamá —dijo Anthony, casi en un susurro.
Esas palabras rompieron cualquier muro de control que John intentaba mantener. Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero se obligó a responder:
—Anthony... hijo mío, escucha con atención.